¡Otra semana más! Y qué semana compañeros y compañeras. Ha pasado, casi, de todo. El Madrid ha pasado a semis de Champions (lo tenía que decir), ha llegado el calor al emprendimiento. Solo queda mes y poco para,. según yo y mis ventanas de ventas, poder cerrar la primera parte del año. Por mi parte, sigo reestructurando mi vida laboral con el objetivo de llegar a todo y, sobre todo descansar. 

Estas últimas dos semanas mi cuerpo, tan sabio como cualquier otro, me ha enviado mensajes aconsejándome encarecidamente que descanse, y en ello estoy. En medio de esto, estoy redefiniendo mi propósito, haciéndolo afín a disfrutar de la vida y a centrarme en aprovechar y apalancar pocas horas del día para maximizar la productividad. Bueno, y contrariamente a todo lo anterior, estoy lanzando tres nuevas marcas. Si, así soy.

Pero esta semana quiero hablaros de tres cosas que rondan en mi cabeza, y que en algún momento habrá rondado la vuestra.

La teoría del contenido colaborativo y cómo, quizás/creo que puede impulsar ecosistemas

Está claro que hay que crear marca, y todavía más claro que hay que hacerlo a partir de contenido. Muchísimo más claro que tiene que ser de valor para el remitente, e infinitamente claro que debe devolvernos puntos de autoridad. ¡Qué claro todo! Pero… ¿No es como si el contenido fueran gotas aisladas en un océano?

Hoy en día hay 2 contenidos estrella: la newsletter y el vídeo. Otro día hablaremos de los vídeos, centrémonos en ese correo semanal que te llega al correo y que te aporta un valor increiblemente increible. Aunque luego pasan cosas como la tasa de apertura, y otras movidas. Y a eso vamos.

Una newsletter es un acuerdo entre un aportador de valor y un receptor de valor con toda una lista de derechos y deberes para ambas partes. Pero el receptor de valor nunca, y repito: nunca, tiene el deber de abrirte, leerte y (para los más avispados) clickar en alguna llamada a la acción.

Para mi una newsletter es una herramienta, que necesita fidelización (resultado de autoridad, recurrencia y afinidad). ¿Crees que está pasando esto? Amigos newsletteros (os llamo así a falta de un término menos horrible): estáis construyendo una newsletter, sin una estructura comunitaria detrás, sin un algoritmo social propio, sin una automatización más allá de substack. Y esto, bajo mi punto de vista, puede cambiar. Por eso existe Disqurso. Pero esto es una newsletter de opinión, no es spam. Por ello, hasta aquí puedo contar.

Sobre el problema, disparar semanalmente (o mensual) poniendo el contenido por delante de la marca es como primero volcar el agua y luego poner el vaso. Y todavía más grave, una newsletter es un discurso (no cuento esto como spam), es una emisión de un mensaje en cualquier grado de objetividad o subjetividad, que debe llegar a alguien. Veo newsletter a doquier, publicidad en ellas, pero no estoy viendo conexiones, colaboración. No hay un punto de encuentro que ayude a conectar y difundir mensajes, y sin eso, el canal no solo no crece, sino que termina muriendo.

La emoción en el emprendimiento

Hace poco me han pasado varias situaciones: uno de los socios de uno de mis negocios me ha pedido un tiempo indefinido para formarse, estoy en conversaciones con una persona a la que considero familia para ayudarla a emprender o emprender juntos, y por último: por primera vez en mi vida, mi propósito y mi emprendimiento se centra en cuidarme a mi, en descansar (y olvidarme de forzar la máquina).

Como te comentaba al principio, hace poco que he pasado por dos caídas de salud, una más grave que la otra. Además, mi mente debe reorganizar mucha estructura empresarial debido a un reajuste de entrada-salida de socios, y por si fuera poco, sigo ampliando equipo de ventas. Mi cuerpo se ha comunicado conmigo, tanto mental y físicamente. Debo cambiar mis hábitos, olvidarme de las 9-11 horas de lunes a domingo. Mi compañero Alejandro, de Seniority, me lo dice mucho en cada café semanal que me tomo con él. Descansa Fran, descansa.

Así que, ¿Cómo trabajas la emoción en el emprendimiento? Muy fácil, la emoción es el protagonista y el emprendimiento, solo un acompañamiento. Y me diréis… Pero Fran, eso es obvio, ¿No? ¡Ni de broma!

Tengo 32 años y sigo dándome cabezazos por no saber cuando llega el momento de dejar un socio, cambiar el rumbo o cuándo ha llegado el momento. Pero estoy en ello.

Cosas que he cambiado desde diciembre de 2023 y que me están haciendo muy bien:

Y sobre todo:

Crea ventanas de reuniones

Voy a acabar escribiendo un libro con lo pesado que soy hablando de las ventanas de reuniones, pero funciona.

Hace años, sin entender por qué mi productividad era tan baja con la de hora y ganas que le echaba, decidí hacer un excel recogiendo toda actividad programada e iteración proactiva / reactiva que realizaba. Para mi sorpresa, lo que me hacía perder tanto tiempo eran las reuniones reactivas (los “Oye Fran ¿Tienes un minuto?) Desde entonces, decidí cambiar eso.

Y eso es una metodología que se llama Sistema de ventana de reuniones. Es fácil. Creas un calendario de trabajo, lo divides en:

y

En mi caso, siempre pongo de lunes a viernes dos ventanas de reuniones por la mañana y dos por la tarde. Importante: avisa a todos de que esas ventanas existen y dales alguna forma de solicitarlas, en mi caso es por una página de reservas de Google Calendar. Introduce esa explicación (en mi caso, un vídeo de Loom) en el onboarding de toda persona de tu equipo. Pruébalo, vas a notar el cambio en cuestión de semanas (o lo que tarde tu equipo en hacerse al cambio).

En otra ocasión te contaré cómo hago un x10 de mi productividad desapareciendo una hora al día, pero es harina de otro costal.

Y hasta aquí mi Disqurso de esta semana. Ha sido muy emocional, ¿No? Me he abierto mucho, espero que no demasiado. Es cierto que los cambios, y cómo afectan estos a nuestro ser, así como a nuestro propósito, es importante. Pero ante todo, estás tú, tu chica, tus peques, tu familia, tus amigos, tu felicidad y tu bienestar.

¡Hasta la semana que viene!

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